Cómo un buen collar para el perro puede hacerle feliz

Hace unos días una clienta me escribió y me dijo que el collar para el perro que le hice a mano, además de ser muy original, no hay dos iguales, se adaptaba perfectamente a su cuello.

Vamos, que su perrito era la envidia del barrio

Pues sí, ese es mi objetivo, conseguir que cada collar que sale de mis manos sea el mejor, gracias a las maravillosas telas estampadas 100% de algodón que utilizo (para evitar alergias) y al mimo y cuidado que pongo en su confección.

Además, son collares muy seguros porque llevan triple costura de refuerzo, para evitar que se rompan ante un eventual tirón.

Dejando a un lado la calidad que pueda tener un collar o cómo esté fabricado, cuando vemos a un perro con su collar sabemos que ese animal tiene un dueño que le quiere y se preocupa por él, de la misma forma que cuando nos encontramos a un perro sin collar lo primero que pensamos es que está abandonado.

 

Pero ¿te has preguntado alguna vez cómo y por qué el collar para el perro empezó a utilizarse?

La historia del collar es muy antigua, tanto como la relación del perro y el hombre.

Acompáñame y te la cuento:

Collar y perro han ido siempre unidos desde que éste se convirtió en animal doméstico y comenzó a formar parte del círculo más cercano al humano.

Fabricado de forma artesanal, con la piel que el hombre obtenía de su ganado, el collar, además de conseguir sujetar al perro de forma fácil y cómoda, comenzó a cumplir una doble función:

  • Marcaba la propiedad sobre él.
  • Impedía que pudiese atacar a otro animal doméstico o a una persona de su entorno.

 

Pero ¿cómo empezó la domesticación y aquel lobo “salvaje” se convirtió en el mejor amigo del hombre?

Según un estudio reciente, publicado en la revista Nature Communications, realizado por la Universidad de Stony Brook (USA), el perro doméstico moderno tiene su origen en el proceso de domesticación de lobos hace entre 20.000 y 40.000 años.

El acercamiento entre el hombre primitivo y el lobo (perro) surgió por un interés mutuo:

El lobo se dio cuenta de que podía conseguir comida fácilmente, si seguía al hombre cuando salía de caza o se acercaba a sus asentamientos, alimentándose con las sobras y desechos que éste dejaba.

A su vez, los humanos se beneficiaron de la presencia del lobo, porque les protegía y defendía de otros depredadores que pudieran estar cerca del poblado.

Además, en este proceso, los científicos creen que el hombre comenzó a alimentar a esos lobos con otros restos de animales y con frutos, ya que también eran recolectores, dando lugar a una interacción muy fuerte entre ambos y a su incorporación a los asentamientos.

Sin embargo, el proceso de domesticación no fue de hoy para mañana, sino que tuvo lugar a lo largo de miles de años

Es más que probable que el humano realizara procesos de selección de los ejemplares menos agresivos y más afectivos con él, comenzando a servirse del lobo domesticado (perro) en múltiples tareas:

  • Cuidado del ganado
  • Guarda de la propiedad
  • Como cazador

De tal manera que el vínculo que se creó entre ellos se estrechó y el hombre empezó a valorarlo primero como compañero de trabajo y después como animal de compañía.

 

¿Qué tipos de collares usaban los perros?

Dependía del tipo de trabajo que se les asignara:

  • Perros de guerra y vigilancia: desde la antigüedad, se utilizaron perros molosos para la batalla y para la guarda de las casas, a los que se les colocaban collares de cuero tachonados de pinchos para que hicieran el mayor daño posible y a la vez poder defenderse de posibles enemigos.

 

  • Perros de caza: Para protegerlos de los ataques que pudieran sufrir de osos, lobos o jabalíes, les ponían collares de hierro, para evitar que las bestias les desgarrasen el cuello

 

  • Perros de compañía: Amados y protegidos por sus dueños, llevaban collares artesanales hechos de diferentes materiales. Los más comunes eran los de cuero, pero si el perro pertenecía a una familia acomodada o de la nobleza, el terciopelo, los metales y las piedras preciosas formaban parte del cuello de tan “noble animal”.

 

¿Sabes que existe un Museo del collar para el perro?

Te parecerá curioso igual que a mí, pero no hay que sorprenderse ya que el perro lleva acompañándonos miles y miles de años.

Este museo tan original se encuentra en el Castillo de  Leeds (Inglaterra) y si te acercas hasta allí, podrás ver una colección de más de 100 collares diferentes que abarcan desde la Edad Media hasta la Época Victoriana.

Los más antiguos (siglos XV-XVI) son collares para la caza hechos de hierro y cubiertos de pinchos, para proteger el cuello de los perros.

Y para los animales de compañía, las piezas que podrás ver son verdaderas obras de arte muchos de ellos hechos de cuero y adornados con terciopelo o metales para identificarles.

Incluso podrás ver collares de plata grabados del siglo XIX, hechos por los mejores orfebres de la época.

 

Como ves, el collar para el perro ha evolucionado, adaptándose a los nuevos tiempos y necesidades

collar perro sirenas y ondas MG1

En la actualidad, podemos encontrar collares fabricados de múltiples materiales y con distintas funciones:

  • Para pasear
  • Para adiestrar
  • De cabeza y hocico para evitar que el perro tire
  • Collar martingale para perros que tienen el cuello ancho, como los galgos
  • Collar de hebilla de clic
  • Hechos con nylon, cuero, algodón…

 

Pero lo más importante, como te dije al principio, es encontrar un buen artesano que sepa fabricar un collar para el perro con materiales de primera calidad (para evitar alergias) que sean:

  • Seguros
  • con estilo
  • Prácticos
  • Cómodos
  • Hechos a medida

 

Y ahora, que ya has llegado hasta aquí, entra a mi ”humilde morada” y mira cómo puedes hacer feliz a tu perro.

www.4guaus.com  te espera.

Si tienes alguna duda o quieres añadir algo, deja un comentario.

Un abrazo.

 

 

 

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